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Reseña: King of Tokyo

King of Tokyo – Richard Garfield, 2011 – IELLO (Homoludicus)

Richard Garfield es famoso por haber sido el creador de uno de los juegos que más han cambiado el panorama lúdico mundial: Magic: el encuentro, pero no es ni mucho menos un one-hit wonder. Desde juegos de cartas ligeros como Guillotine o El Gran Dalmuti a juegos con una afición muy fiel como Netrunner (según muchos, uno de los mejores juegos de cartas asimétricos que existen) o Roborally. Sin embargo, llevaba un tiempo sin sacar ningún exitazo. Hasta el año pasado, claro está.

Mientras que hay juegos que te enganchan con la originalidad de sus mecanismos, o con la elegancia de sus reglas, King of Tokyo se basa en tres puntos: su tema, su tema y su tema. Porque, y lo digo sin ningún miedo a que nadie me contradiga, King of Tokyo es, simplemente, el mejor juego sobre batallas entre monstruos gigantes radiactivos que existe. Ahí queda eso.

Colorines, colorines everywhere.

Al abrir la caja encontramos las seis tarjetas de puntuación de los distintos aspirantes al trono de Tokyo (que imagino habrán hecho juntando unos cuantos rascacielos), con sus correspondientes megafichas de cartón troquelado, ocho dados gigantes con sus símbolos especiales, un mazo de cartas, cubitos de plástico para llevar la cuenta de la energía de nuestros megamonstruos, algunos contadores de cartón y un tablero con la escalofriante cantidad de ¡dos! casillas (tranquilos; con cuatro jugadores o menos, sólo se utiliza una). Llaman la atención las ilustraciones, muy coloridas y con un estilo comiquero que le queda perfecto al tema; y por otro lado lo exagerado que resulta todo: los dados son bastante más grandes de lo habitual, y tanto las fichas de cartón como el tablero podrían haber tenido perfectamente una décima parte del tamaño y no habría pasado nada, pero todo el conjunto ayuda a meterse en el papel.

En cuanto al juego en sí, cuando uno ve el tamaño de los dados ya se hace una idea de cuál va a ser el mecanismo central y es que, cartón y plástico aparte, King of Tokyo es básicamente un juego de dados. De hecho, podríamos decir que es una variante del clásico Yahtzee, el juego de “tirar, guardar y repetir”. En su turno, cada jugador tira los dados, decide si repite parte de esa tirada hasta dos veces, y luego usa los resultados para atacar a otros jugadores, curarse, obtener energía con la que comprar cartas de poder o simplemente ganar puntos de victoria, y así hasta que un jugador llegue a los 20 puntos de victoria o sea el único que quede en pie. Todo muy sencillo y rápido, con un par de detalles para mantenerlo interesante.

El primer detalle es el concepto de “rey de la colina”, que es donde entra el tablero. En ese tablero de una casilla (Tokyo) sólo cabe un monstruo, y moverse a esa casilla o empezar el turno en ella da puntos de victoria. ¿Cuál es el problema? Que una vez uno está en Tokyo no sólo no puede utilizar los corazones que saque en los dados para curarse, sino que le caen los ataques de todos los demás. Esto le añade un nivel de forzar a la suerte muy simpático, con los jugadores siempre sopesando si les compensa intentar tomar Tokyo para conseguir puntos de victoria, aunque con eso se arriesguen a recibir grandes cantidades de daño.

Te va a ser difícil encontrar dados más grandes o un tablero más pequeño.

El segundo detalle viene, por supuesto, de las cartas. El juego, usando solo los dados, no está mal, pero puede aburrir a la larga. Para evitar eso, tenemos un mazo de cartas con distintos poderes, que van desde una cabeza adicional que te permite tirar más dados a piel blindada que amortigua el daño que recibes o tanques del ejército que destruir para ganar más puntos de victoria. Cada carta tiene un coste en energía, que se consigue con uno de los resultados de los dados, lo que da otro nivel más de decisiones: ¿compensa invertir un par de turnos en acumular energía para comprar una carta poderosa, o es mejor ir atacando desde el principio? Desde luego no son decisiones que te hagan estrujarte el cerebro ni hacer cálculos como en los últimos turnos de una partida de Alta tensión, pero al menos ya estás haciendo algo además de tirar dados y ver qué has sacado.

King of Tokyo no engaña a nadie: no se trata de un juego de alta estrategia que ponga a prueba tu capacidad analítica, ni de un puzzle de gestión de recursos. Es un juego de dados con mucho azar, mucha confrontación entre jugadores y, sobre todo, mucha diversión. Y si no, prueba a echar sólo una partida sin jugar otra justo después.

Lo mejor: diversión y risas aseguradas. Ideal para romper el hielo.

Lo peor: si no te gusta el azar, ¡huye mientras puedas!

 

 

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1 Trackback / Pingback

  1. ¿Jugamos una… de King of Tokyo?

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